IES El Almijar

Este va a ser el sitio donde nuestros alumnos van a poder expresarse, comunicarse y aprender durante este curso escolar

Cuento de la semana “Confía, pero permanece atento”

Posted by angelmiguel en abril 5, 2007

Un pueblo sufría un gran temporal. Día a día, las aguas crecían y los pobladores debían dejar sus casas y sus pertenencias para salvarse de perecer ahogados. Pero el cura de la aldea había decidido que aún no había llegado la hora de irse y se mantenía firme en su capilla. Un día, llegó el comisario y le dijo:

– ¡Padre, padre, debe desalojar la iglesia e irse, ya que las aguas siguen creciendo y pronto todo el pueblo estará bajo el agua!

Pero el cura le respondió:

-Hijo mío, estoy en las manos de Dios y cuando Él considere que me deba ir, entonces lo haré.

– Pero, padre – le insistió el comisario-, ¡vamonos, que no queda tiempo!

-No insista- le dijo el padre-. Dios vendrá a salvarme.

El comisario se fue. Pasaron unas horas y el agua entró en la iglesia, cubrió los bancos y llegó hasta el púlpito. Al poco rato, llegaron los hombres de protección civil en una barca y le gritaron al padre desde afuera:

– Padre, padre, las aguas siguen subiendo y vamos a a entrar a buscarlo.

Pero el padre respondió:

– No se preocupen… Dios se hará cargo de mí.

-Pero, padre, esto está cada vez pero, el nivel de las aguas está cada vez más elevado y será muy difícil rescatarlo.

-Por favor, hijos, no se preocupen: Dios me salvará.

El agua siguió subiendo hasta tapar toda la iglesia. El cura había tenido que refugiarse en el campanario, pues era el único lugar donde no llegaba el agua. Entonces llegó un helicóptero que le tiró una cuerda, mientras los hombres de a bordo le gritaban:

-Padre, padre, ¡agárrese a la cuerda y suba!

– No, hijos, no se preocupen, que ya estoy en manos de Dios- replicó el padre.

Las aguas terminaron de cubrir la iglesia, el campanario quedó sumergido y el padre murió. Cuando llegó al Cielo, el cura le dijo a Dios:

-Oh, Dios, ¿cómo puede ser que yo, que tanto hice por Ti, que congregué a tantos fieles e hice tu voluntad, haya sido olvidado por Ti en los momentos más difíciles de mi vida?

– Escúchame bien, hijo- le respondió Dios- . Yo te mandé tres formas de ayuda y a las tres te negaste. Primero te mandé al comisario, luego mandé la barca y por último te mandé el helicóptero. A los tres dijiste que no. ¿Qué más querías tú que hiciese?

Sólo entonces, el padre se dio cuenta de su error.

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